DEMOCRACIA, ANARQUÍA Y TIRANÍA

En su último libro, Enlightenment Now, el científico cognitivo, Steven Pinker defiende la ciencia, la razón y el humanismo, dando seguimiento a datos históricos sobre distintos aspectos que se contraponen al sentimiento generalizado de fracaso.  Aspectos que, al ser observados científicamente a lo largo del tiempo, nos muestran un indudable progreso. Uno de esos aspectos analizados es el relativo a la democracia.

Desde que surgieron las primeras formas de gobierno hace unos 5000 años, la humanidad ha tratado de encontrar una forma de gobierno que le mantenga alejada de la violencia provocada por la anarquía y la violencia. Para la mayoría de los pueblos antiguos, el pillaje era una parte importante de su economía. Las constantes guerras, para ampliar su territorio, generaban índices de mortalidad muy superiores a los de las sociedades modernas, incluso en sus capítulos más violentos. Los primeros gobiernos pacificaban a sus habitantes imponiendo terror y sus gobiernos incluían esclavitud, harems, sacrificios humanos, ejecuciones sumarias, tortura y mutilaciones. Pero aún los gobiernos tiránicos son una mejor opción que la falta de gobierno. El número de muertos, en momentos históricos en los que no ha existido gobierno que ejerza el poder, ha sido mucho más alta, y como ejemplo podemos citar: El Periodo Tumultuoso de Rusia en el S. XVII, La Guerra Civil de China y La Revolución Mexicana.

Un buen gobierno democrático permite a sus ciudadanos vivir en un ambiente de seguridad y libertad, protegidos de la violencia generada por la anarquía y la tiranía.

Pero esta no es la única razón por la que la democracia ha contribuido al florecimiento de la humanidad. Las democracias también permiten un mayor crecimiento económico, menos guerras y genocidios, ciudadanos más sanos, mejor educados y sin hambrunas.

Samuel Huntington describe la democratización de la humanidad en tres etapas:  La primera en el siglo XIX cuando la democracia norteamericana, con sus contrapesos al gobierno, empezaba a funcionar. Este tipo de gobierno fue emulado por otros países, principalmente en Europa occidental y para 1922 existían ya 29 países democráticos en el mundo. Esta primera etapa tuvo una importante regresión con el surgimiento del fascismo por lo que para 1942 únicamente quedaban 12 países verdaderamente democráticos en el mundo. Al término de la II GM, una segunda etapa toma fuerza al independizarse las colonias que mantenían los países europeos, subiendo el número de democracias reconocidas a treinta y seis en 1962. Para entonces las democracias europeas se encontraban entre dictadores soviéticos al este y las dictaduras fascistas en Portugal y España. Esta segunda etapa pronto se vio disminuida también por las juntas militares en Grecia y Latinoamérica, regímenes autoritarios en Asia y el surgimiento de gobiernos comunistas en África, el Medio Oriente y Sur de Asia. Para mediados de los años 70, el futuro de los gobiernos democráticos se tornaba oscuro, y fue justo, en ese momento que el mundo auguraba el fin de la democracia, dando inicio a la tercera etapa. Los gobiernos militares y fascistas de Europa del Sur se fueron derrumbando, Grecia en 1974, España en 1975 y Portugal en 1976. En América Latina; Argentina en 1983, Brasil en 1985 y Chile en 1990. En Asia; Taiwán y las Filipinas en 1986, Corea del Sur en 1987 e Indonesia en 1998. El muro de Berlín fue demolido en 1989, permitiendo a los países de Europa del Este establecer gobiernos democráticos, a la vez que el comunismo implosionaba en la Unión Soviética en 1991. Algunos países africanos echaron a sus tiranos y las últimas colonias en independizarse, principalmente en el Caribe y Oceanía optaron por establecer democracias.

En 1989 Francis Fukuyama escribe su famoso ensayo en el que propone que las democracias liberales representan “el fin de la historia” debido a que el mundo por fin había llegado a un consenso sobre la mejor forma de gobierno. Seguramente Fukuyama se adelantaba a su época, ya que poco después surgirían los gobiernos teocráticos en países musulmanes y el capitalismo autoritario en China. Muchos países democráticos parecían estar deslizándose hacia el autoritarismo con victorias populistas como las de Polonia y Hungría y la llegada al poder de Recep Tayyip Erdoğan en Turquía y Vladimir Putin en Rusia, el regreso del Sultán y el Zar. No faltó quien dijera que la democracia había sido impuesta por occidente al resto del mundo, y que la mayoría de los países parecían preferir el autoritarismo.

Sin embargo, para 2015, 2/3 partes de la población mundial vivían en sociedades relativamente libres, comparado con menos de 2/5 partes en 1950, 1/5 parte en 1900, 7% en 1850 y 1% en 1816. La población mundial que hoy día vive bajo un régimen no democrático se ubica en 60 países, 20 son autocracias puras y 40 más en autocracias disfrazadas de democracias, 4/5 partes reside en China. Incluso las autocracias de Rusia y China son mucho menos represivas que los gobiernos de Mao y Stalin y Brezhnev.

Los reveses de la democracia han servido como pretexto para dictadores, que argumentan que sus países no están listos para vivir en una democracia plena. Sí bien es cierto, que la mayoría de los votantes desconocen las políticas públicas de sus candidatos y culpan a los gobiernos actuales de situaciones recientes sobre las que los gobiernos tienen poco control como cambios macroeconómicos, ataques terroristas, inundaciones y sequías. También es cierto que la mayoría de los votantes en el mundo consideran que su voto tendrá poco impacto en el resultado de las elecciones, por lo que prefieren dedicar más tiempo a su familia, el trabajo o el entretenimiento, antes que al involucramiento en la política de su país.

A pesar de que las elecciones son consideradas la esencia de la democracia, estas son tan solo un mecanismo a través del cual los gobiernos son evaluados por sus gobernados y, actualmente, podemos observar cómo las elecciones, incluso, son utilizadas por autócratas, Putin y Erdogan son ejemplo de ello. Estos dictadores utilizan toda la fuerza y el poder del Estado para acosar a sus oponentes, establecer falsos partidos de oposición, difundir sus mensajes a través de medios de comunicación controlados por el estado, manipular la legislación electoral y el padrón de votantes y, en ocasiones, interferir abiertamente en los resultados electorales. La verdadera esencia de la democracia consiste en la libertad de expresión, los ciudadanos deben tener total libertad para expresar sus acuerdos y desacuerdos con el gobierno sin temor a ser reprimidos o silenciados, deben tener la capacidad de limitar el abuso de poder de sus gobernantes.

A partir de 1948, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos se ha venido poniendo freno a prácticas gubernamentales como la tortura, matanzas extrajudiciales, encarcelamiento de disidentes y desapariciones. ¿Es posible concluir que la democracia limita la represión de los gobiernos? Hoy día, estamos mucho más conscientes sobre este tipo de abusos que como lo estábamos en el pasado.

El camino para la reconstrucción de la democracia es tortuoso e intrincado y sus efectos son lentos, pero con el paso del tiempo seguimos comprobando que tanto Fukuyama como Churchill tenían razón: “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que hemos tratado”.

 

Prisma

por María Fernanda Garza

María Fernanda Garza es una empresaria mexicana, fundadora de varias...